Jorge Montane L. "wide Loops" El leer libros, artículos, ensayos, novelas y papers relacionados con la pesca con mosca nos abre una pequeña ventana a la experiencia ajena. Si damos por hecho cierto lo expuesto por el o los autores, por renombrados que estos sean, ¿Que objeto tiene discutir y en oportunidades con una pasión desmedida, lo que solo se fundamenta en palabras escritas en un pedazo de papel, por alguien que lo más probable nunca ha pisado nuestro terruño y menos pescado nuestras aguas?
La vertiente Oeste de la cordillera de los Andes es muy distinta de su vertiente Este. En la primera los ríos corren en búsqueda del océano Pacifico, cayendo abruptamente desde las alturas en un corto recorrido. Al otro lado, las características de estos mismos son lo opuesto, ríos largos y sinuosos, de muy poca pendiente.
Es obvio, que el desarrollo de los peces y su manera de pescarlos es muy diferente a uno y otro lado de la puesta del sol. Asimismo ocurre con la literatura que leemos del hemisferio norte, donde la línea del ecuador nos separa de realidades muy distintas.
Cada pescador se ve enfrentado a la disyuntiva de cómo pescar, algo que habitualmente o mejor dicho siempre atormenta el pensamiento de este. Nos sumimos en un razonamiento profundo hurgando y desentrañando el razonamiento del pez y la forma en que actuará frente a nuestra mosca, olvidando que una trucha de 5 kilos su cerebro no supera el tamaño de una habichuela. La capacidad de elaboración de razonamientos por precaria que esta sea, esta tan lejos de la realidad, como perdido el pescador que pretende atribuirles la cualidad de razonar. Hablarles a los animales, presumir que los peces piensan, es tan común que como pescadores habitualmente y por defecto de formación cultural asumimos que perros, peces y otros animales, tienen la capacidad de pensar o elaborar pensamientos abstractos, siendo un distintivo exclusivo del género humano “el razonar”. Cuan confundidos y perdidos estamos los pescadores en nuestra búsqueda que soñamos con esa eclosión maravillosa de insectos que no existen en nuestras aguas y que hacen nata en otras latitudes, llenamos nuestras cajas con replicas de moscas que no tienen representantes en nuestro medio. Hablamos de entomología aplicada, copiamos casi a la perfección un bicho y hablamos de ellos como si fueran la respuesta a nuestras incertidumbres.
No hay nada de de malo en tener una fantasía, esta aviva la pasión y la búsqueda de nuevos desafíos, pero la mosca que pesca, es esa fea y desgreñada que no representa nada al ojo humano, pero que evoca o despierta el instinto del pez. En nuestro afán de desentrañar los misterios que impulsan a la trucha a tomar nuestras moscas, hemos estudiado y observado el entorno que las rodea, el conocimiento obtenido nos habla de: calidad del agua, oxigenación, temperatura, visión de la trucha, manera de atrapar su alimento, entomología, etología y quizás tantos temas e hipótesis más, que es probable que nos faltarían años de vida para poder procesar toda la información escrita por científicos y otros tantos apasionados pescadores, llegando a la conclusión que aunque la cantidad de variables estudiadas, supuestamente nos preparan para ser mas asertivos y eficientes en nuestras capturas, pero no hay nada que reemplace el conocimiento empírico de la experiencia personal. La experiencia conseguida durante las horas de pesca nos desarrolla intuición, esa corazonada que nada tiene que ver con el razonamiento y conocimientos extraído de libros o experiencia ajenas. Intuición que nos permite en un acto mágico colocar nuestra mosca en la boca del pez y obtener un recuerdo vivido e imborrable.
|
|||
Encuesta |
||
|
|
