Gonzalo Cardemil H. Frecuentemente me pregunto porqué hay moscas que desaparecen de la literatura y al cabo de un tiempo parecen como no inventadas. Lo habitual es pensar que aparecen diseños nuevos mas eficientes o sencillos o bien son modas como es frecuente de observar en la actividad humana. Respecto a la primera opción tengo muy serias dudas. Sin pretender negar que continuamente aparecen moscas muy útiles para variadas situaciones no es menos cierto que conceptos realmente novedosos en los últimos tiempos sólo encontramos los diseños de parachuttes y el uso de pelo de cérvidos, ambas contribuciones del nuevo mundo. Referido a la confección de moscas es útil recordar que antiguamente la prensa no existía, por lo que se ataba la mosca sosteniéndola con la mano izquierda. Es difícil por tanto que en la actualidad no podamos atar las mismas moscas con el instrumental y material de que disponemos. Me asiste un buen grado de sospecha que el marketing y los vaivenes de la moda son los culpables de la desaparición de excelentes moscas.
Siempre me intrigó la desaparición de las Fan Wing como familia dentro de las secas, así es que un buen día confeccioné una serie de ellas para apreciar su desempeño. Atar una fan wing no presenta ninguna dificultad especial, una vez que se han pareado bien las alas. La Halford tiene hackle de cuello y cabeza, las del coronel Ogareff siendo muy similares tienen un hackle en palmer de cola a cabeza. Halford no ataba palmers y las secas de este tipo se las debemos a Ogden y Skues. Como era de prever las moscas durmieron por un buen tiempo en mi caja, e incluso un amigo adicto a la burla me hizo objeto de su agilidad mental y verbal una vez que se las mostré. Sin embargo no por eso las fan wings perdieron la paciencia, esperaron su oportunidad y la aprovecharon, como lo hicieron lo veremos luego. Por dos días había pescado bajo la lluvia en una remota laguna cordillerana. Mojarse era poco decir, lo único seco que tenía era la cabeza, gracias a un maravilloso sombrero Hardy. Como la pesca había sido excelente consideré mi estado como un accidente. El tercer día había estado muy similar a los anteriores, con viento y lluvia, pero al atardecer el viento se calmó y hubo visos de bonanza. Por desgracia como es corriente, la pesca que había disculpado todas las molestias cayó en una calma chicha, el agua parecía un espejo en que las truchas habían desaparecido. Pesqué un rato largo con las moscas que ya había probado como buenas, practiqué diversos lances y profundidades sin ningún éxito. En un cambio de moscas la coronel Ogareff me guiñó su pequeño ojito. La coloqué con la intención mas de probar su trabajo, pues apreciar su eficiencia en condiciones tan adversas habría sido una injusticia. Confirmé a poco andar su posado, superior a cuanta mosca había lanzado, flotaba excelentemente aún haciendo skatering, sin barrenar en absoluto. Entusiasmado en la evaluación técnica me interrumpió una pequeña trucha que la tomó de un salto, haciéndome caer de nuevo a la realidad. Esta había cambiado, juveniles saltaban aquí y allá a la caza de bétidos, que aunque numerosos no constituían aún una eclosión masiva. Como quedaba luz revisé nudos y tippet con la esperanza que tras los peces chicos vinieran los grandes. Atrapé una docena de truchitas antes de ver la primera pieza respetable. Se alimentaba a unos cincuenta metros de la orilla. Traté de ganar metros avanzando por un tronco sumergido y ayudado por una suave brisa logré colocar mi mosca razonablemente cerca. Saltó rehusando por tres veces y luego la tomó cuando mis niveles de adrenalina eran casi top. Era una excelente hembra arcoiris. Mientras caía la tarde parecía aumentar la eficiencia de mi mosca, perdí la cuenta de las capturas, varias de ellas buenas. Ya de noche lancé por última vez. Una gran trucha erró en forma estrepitosa, moví la mosca con un roll unos cinco metros a la izquierda, antes de caer me di cuenta de que la cosa iba en serio. Unas hermosas corridas largas me permitieron efectuar la apreciable presión de que era capaz mi 4RPL. Pronto lo tuve a la vista, no redundaré en comentarios sobre su tamaño, no es el caso, solo diré que era de los grandes. Me incliné inocentemente mojándome la mano derecha, pero en el momento de tocar a mi presunta víctima solo alcancé a ver su ojo impávido y mi coronel Ogareff cabalgando gallardamente sobre su nariz, fue su adiós. A treinta metros parecía llevar todas las plantas de la laguna tras sí, y añadía más a cada segundo, a los cuarenta la presión desapareció mientras yo parecía tener aún la mano estirada, en una posición imposible mas ridícula. Tosí y me lavé las manos, por si había alguien mirando. Guardé cuidadosamente mi aparejo mientras me felicitaba por tratar de resucitar estas mosquitas tan valiosas, a ver cuando la pongo de nuevo.
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Un caso ya citado aquí es el de las wets clásicas. Olvidadas casi con el advenimiento de las ninfas, su uso se mantuvo gracias a los pescadores de las Islas Británicas y a serios y agradecidos pescadores de todo el mundo, que aunque reconociendo el valor de las ninfas siguieron apreciando el excelente desempeño de las wets de siempre. A pesar de todo no es fácil encontrar la Cowdug o la Hardy's Favourite por citar dos conocidas.